Mientras muchos se resguardaban, doña Yaneth, con su delantal puesto, se plantó frente a ellos y, sin más arma que su voz, les exigió respeto por su comunidad y su derecho a trabajar. Su imagen, enfrentando sin miedo a quienes ocultaban su rostro, se viralizó no por la violencia, sino por la autoridad moral de una ciudadana que defiende lo que ha construido con esfuerzo. Su puesto de empanadas y arepas no es solo su sustento, sino el medio con el que ha logrado educar a sus hijos, una hazaña para muchos trabajadores informales en Colombia. Al otorgarle este reconocimiento, el Concejo de Bogotá no solo premia un acto individual de valentía, sino que envía un mensaje político y social profundo: valora y reconoce la contribución de los miles de trabajadores informales que, día a día, construyen ciudad desde la resiliencia. La distinción a doña Yaneth es un homenaje a la Colombia invisible que se levanta antes del amanecer y que, con su trabajo honesto, se niega a permitir que el caos y la violencia destruyan el tejido social.