Al detener su vehículo, se encontró con una situación caótica y desesperada.
En su relato a Teleantioquia, describió las dificultades para contactar a los servicios de emergencia: “Llamamos al 123, pero nadie contestaba.
Hicimos hasta lo imposible”.
Ante la angustia de los heridos que gritaban pidiendo auxilio desde el fondo del precipicio, Salazar intentó mantener la calma. “Yo, mintiéndoles, les decía que la ayuda ya venía, que se tranquilizaran”, confesó, mostrando una profunda empatía en medio de la tragedia. Permaneció en el lugar durante varias horas, hasta aproximadamente las 5:30 a. m., acompañando a los jóvenes y esperando la llegada de la primera ambulancia. Su acción desinteresada y su disposición para quedarse y ofrecer consuelo en una situación tan extrema resaltan el valor de la solidaridad ciudadana y el papel fundamental que pueden jugar las personas comunes en momentos de crisis, convirtiéndose en un soporte vital cuando la ayuda oficial aún no ha llegado.






