David Rúa relató que se despertó cuando el bus ya estaba cayendo por el precipicio.

Al salir del vehículo destrozado por una rendija, se encontró con una escena desoladora de gritos y compañeros heridos.

En lugar de dejarse llevar por el pánico, su primer instinto fue ayudar.

“Yo no encuentro una explicación lógica de lo que me pasó a mí y de dónde tenía fuerzas, solo sé que fueron las fuerzas que me dio el Señor para poder socorrer a mis compañeros”, declaró a Noticias Caracol.

Logró sacar a una compañera que estaba atrapada bajo el bus e intentó auxiliar a otros, como a Sara Escobar y Mateo Castaño, quienes lamentablemente fallecieron.

Consciente de que necesitaban ayuda externa, Rúa tomó la decisión de escalar el acantilado, una tarea que le tomó cerca de una hora en completa oscuridad. Una vez en la carretera, junto a otros dos sobrevivientes, intentó detener vehículos durante otra hora hasta que un conductor de tractomula finalmente paró.

Su valentía y determinación fueron fundamentales para activar el operativo de rescate.

“Algo me decía que yo no me podía rendir, que yo era la única esperanza de salvar a mis compañeros”, confesó, convirtiéndose en un símbolo de esperanza y fortaleza.