Según su relato, sacó a una compañera que estaba debajo del bus y trató de auxiliar a otros.
Al darse cuenta de la magnitud de la tragedia y la necesidad de ayuda externa, tomó la decisión de buscar auxilio. Su acto ha sido calificado como una hazaña, pues escaló la pendiente de aproximadamente 40 metros durante cerca de una hora en completa oscuridad hasta llegar a la carretera. Una vez allí, intentó detener a más de 100 vehículos que pasaban sin éxito, hasta que finalmente un conductor de tractomula se detuvo y se pudo activar el operativo de rescate. En sus propias palabras, Rúa expresó: “Algo me decía que yo no me podía rendir, que yo era la única esperanza de salvar a mis compañeros. Le pedía a mi Dios que me diera una oportunidad, una luz, una señal para salir de ahí”. Su historia es un testimonio de resiliencia, fe y un profundo sentido de solidaridad, demostrando una fortaleza admirable en las circunstancias más adversas y siendo clave para salvar la vida de otros sobrevivientes.








