Tras el impacto, Rúa, a pesar del 'shock' y las lesiones, salió del vehículo y se encontró con una escena de caos y oscuridad. En lugar de paralizarse, comenzó a ayudar a sus compañeros heridos, logrando sacar a una joven que se encontraba atrapada debajo del bus.

Intentó auxiliar a otros, pero al ver la gravedad de la situación y la imposibilidad de rescatarlos a todos por su cuenta, tomó la decisión de buscar ayuda externa. Su relato describe una escalada de casi una hora por el precipicio en completa oscuridad. Una vez en la carretera, enfrentó la indiferencia de más de 100 vehículos que no se detuvieron, hasta que finalmente el conductor de una tractomula se detuvo y permitió activar el operativo de rescate.

El joven sobreviviente, Jhon Freddy Salazar, conductor del camión, corroboró la historia, relatando cómo Rúa y otros dos jóvenes le pidieron auxilio desesperadamente.

David Rúa afirmó que actuó movido por su fe y un sentimiento de responsabilidad.

“Algo me decía que yo no me podía rendir, que yo era la única esperanza de salvar a mis compañeros. Le pedía a mi Dios que me diera una oportunidad, una luz, una señal para salir de ahí”, manifestó.

Su acto es considerado un gesto heroico que, aunque no pudo evitar la tragedia, fue fundamental para el rescate de los sobrevivientes.