Yo me arrodillo y le digo al Padre Celestial: ‘Devuélvamela, Padre’”, contó a medios de comunicación.

La desinformación inicial, común en emergencias de gran magnitud, sumió a la familia en un profundo dolor. Sin embargo, la situación cambió drásticamente cuando la propia Ximena logró comunicarse. La joven, aunque con múltiples laceraciones, fracturas y heridas en la cabeza y espalda, se encontraba estable en el hospital de San Vicente de Remedios.

Su llamada no solo desmintió la trágica noticia, sino que también representó un momento de inmenso alivio y gratitud para sus seres queridos. Don Abelardo atribuyó la supervivencia de su nieta a un milagro divino, afirmando con convicción: “Señor, me la devolviste, me escuchaste.

Lo digo para personas que de pronto no creen, pero Dios existe”.

Este suceso, aunque no borra el dolor por las 17 vidas perdidas, ofrece un poderoso contrapunto de fe y alegría, recordando la fragilidad de la vida y la importancia de la esperanza incluso en los momentos más oscuros.