Intentó rescatar a varios amigos atrapados bajo los restos del bus, como María Isabel y Sara Escobar.
Enfrentado a una escena desoladora, con amigos fallecidos y heridos graves, tomó la decisión de buscar auxilio.
El joven relató la ardua travesía de escalar el precipicio durante aproximadamente una hora, en un terreno difícil y sin luz. Su calvario no terminó al llegar a la carretera, donde tuvo que esperar otra hora mientras más de cien vehículos pasaban sin detenerse, hasta que finalmente el conductor de una tractomula se detuvo y permitió alertar a los servicios de emergencia. Su relato también aporta detalles a la investigación, al afirmar que el conductor manejaba a alta velocidad, superando los 100 km/h, y que el vehículo presentaba fallas mecánicas. La historia de David no es solo la de un sobreviviente, sino la de un héroe que, en el momento más oscuro, se convirtió en la “única esperanza” para sus compañeros, demostrando un extraordinario coraje y solidaridad.








