Según testimonios de los afectados, la respuesta de la Fuerza Pública o de equipos oficiales para atender la emergencia fue nula. Ante esta situación, los propios ciudadanos, incluyendo conductores, habitantes locales y viajeros varados, decidieron tomar la iniciativa.
Organizados de manera improvisada, utilizaron palancas y la fuerza colectiva para mover los restos carbonizados de los camiones y despejar un carril, permitiendo así la reanudación del tráfico. El secretario de Gobierno de Risaralda, Israel Alberto Londoño, confirmó que la comunidad fue la que habilitó el paso. Este episodio, si bien evidencia la vulnerabilidad de un corredor estratégico y una aparente falta de capacidad de respuesta estatal, también se convierte en un poderoso símbolo del espíritu cívico y la capacidad de la población para organizarse y solucionar problemas urgentes frente a la adversidad, demostrando una notable autonomía y solidaridad.







