El grupo de liberados estaba compuesto por nueve hombres y dos mujeres, quienes habían permanecido en poder del grupo armado ilegal durante un prolongado período, generando angustia entre sus familiares y comunidades.

La entrega se llevó a cabo en una zona rural del Catatumbo, una región marcada por la complejidad del conflicto armado. La operación de liberación fue gestionada por una misión humanitaria, cuyo papel fue fundamental para garantizar la integridad y el regreso seguro de los secuestrados. Tras recibir al grupo, la comisión verificó que todos se encontraban en buen estado de salud, poniendo fin a meses de incertidumbre.

Este hecho representa un alivio para las familias afectadas y un resultado positivo de los esfuerzos humanitarios en una de las zonas más conflictivas del país, donde el secuestro sigue siendo una grave violación a los derechos humanos utilizada por los grupos armados.