Su liberación representa un triunfo contra el secuestro y el fin de una larga odisea que mantuvo en vilo a su familia y comunidad. Salazar Zabaleta fue secuestrada en febrero de 2025 en el departamento del Cesar y posteriormente trasladada a Norte de Santander, donde permaneció retenida por más de 270 días. Durante su cautiverio, su vida transcurrió en condiciones precarias, entre cambuches y casas improvisadas en la selva, en una clara demostración de la crueldad de este delito. La operación de rescate, ejecutada por unidades especializadas del Gaula, se llevó a cabo en la compleja zona del Catatumbo, un territorio con fuerte presencia de grupos armados ilegales. La exitosa intervención permitió que la exfuncionaria fuera liberada sana y salva, para luego ser reunida con su familia en el municipio de Aguachica, Cesar. La liberación de Yennis Salazar no solo significa el fin de su calvario personal, sino que también constituye un importante resultado operacional de las autoridades en la lucha contra el secuestro, uno de los delitos que más afecta a las comunidades en las zonas de conflicto del país. Su historia es un testimonio de resistencia y de la persistencia de la Fuerza Pública para devolver la libertad a los ciudadanos.