Con el tiempo, los inquilinos, Armando Alaguna y María Lozano, iniciaron un proceso judicial para ser declarados dueños del inmueble, a pesar de no existir un acuerdo de compra. Tras la emisión del caso en el programa de investigación el 9 de noviembre, la historia generó una masiva ola de indignación y apoyo. Una de las hijas del afectado, Liceth Rubiano, convocó a plantones pacíficos frente a la propiedad. La respuesta fue contundente: durante el fin de semana festivo, decenas de vecinos y ciudadanos se congregaron en el lugar, protestando de manera continua y exigiendo la devolución de la casa a sus legítimos dueños. La presión social fue tan efectiva que la pareja de inquilinos finalmente abandonó el inmueble. El periodista Juan Carlos Villani, quien investigó el caso, afirmó que “Héctor recuperó su casa gracias a la unión ciudadana”. Las emotivas imágenes del señor Héctor Rubiano regresando a su hogar entre lágrimas se viralizaron, convirtiendo esta historia en un poderoso ejemplo de cómo la acción colectiva y la visibilidad mediática pueden corregir una injusticia y reafirmar el valor de la comunidad.