La pregunta que ahora se hacen las naciones y los grandes inversores ya no es si Rusia recuperará su dinero, sino quién será el próximo país cuyos activos puedan ser confiscados si las reglas cambian arbitrariamente por motivos políticos.

Esta incertidumbre está forzando a los actores globales a elegir bando, acelerando el desarrollo de sistemas financieros alternativos como el CIPS de China y los acuerdos de liquidación en monedas locales (rupias, yuanes, rublos), que buscan reducir la dependencia del dólar y el euro. El artículo plantea tres posibles escenarios futuros, ninguno de los cuales conduce a una restauración del orden anterior.

Una confiscación total provocaría represalias masivas contra empresas europeas.

Una retirada táctica por parte de la UE generaría una crisis de credibilidad política. Y una fragmentación de posiciones dentro de la propia UE aceleraría la división del mundo en bloques financieros aislados. En cualquier caso, el resultado es el fin de un sistema financiero unificado y el comienzo de una era de competencia y desconfianza entre bloques.