Su ascenso se debe a una combinación estratégica de neutralidad política, un marco legal robusto y una infraestructura financiera adaptable. A diferencia de la Unión Europea, Singapur ha mantenido una estricta neutralidad, negándose a confiscar activos soberanos sin un mandato claro de las Naciones Unidas.

Esta postura pragmática ha reforzado su reputación como un verdadero refugio seguro.

Además, se ha convertido en el centro global para el arbitraje internacional.

Muchas empresas, incluidas las europeas, están trasladando sus sedes legales a Singapur para que sus contratos se rijan por su legislación, protegiéndose así de las leyes de emergencia y las decisiones políticas de Bruselas.

Quizás su ventaja más significativa es su papel como nexo entre los sistemas financieros de Oriente y Occidente.

Singapur opera como un puente perfecto, permitiendo liquidaciones tanto en el sistema occidental SWIFT como en el sistema chino CIPS.

Esta capacidad dual garantiza que el capital pueda moverse libremente incluso en un escenario de total desconexión financiera entre China y Occidente, ofreciendo una flexibilidad y seguridad que ningún otro centro financiero puede igualar actualmente.