A diferencia de una cuenta en euros o dólares en Bruselas o Nueva York, el oro físico almacenado en bóvedas nacionales no puede ser congelado o confiscado unilateralmente a través del sistema SWIFT.
Segundo, la eliminación del riesgo de contraparte.
Un bono soberano es una promesa de pago que un gobierno puede decidir no cumplir por razones políticas, reduciendo su valor a cero. El oro, en cambio, no es la deuda de nadie y su valor es intrínseco. Tercero, y más significativo, es la repatriación masiva.
Países como India, Arabia Saudita y China ya no se conforman con poseer oro en el papel; están exigiendo la entrega física y trasladándolo desde los centros de custodia tradicionales en Londres y Nueva York a sus propios territorios. Este acto físico de repatriación es la manifestación más clara de la desconfianza, ya que busca evitar que sus reservas de oro sean utilizadas como 'rehenes' en futuras disputas geopolíticas o rondas de sanciones.







