La lógica detrás de este resurgimiento se basa en las características intrínsecas del oro que lo hacen inmune a las decisiones políticas unilaterales. A diferencia de un bono, que es una promesa de pago de un gobierno y puede ser anulado, el oro no representa la deuda de nadie; su valor es intrínseco. Además, a diferencia de un depósito bancario que puede ser congelado con un clic en el sistema SWIFT, el oro físico guardado en bóvedas soberanas está fuera del alcance de las sanciones financieras. En un mundo donde el marco legal de la posguerra se desmorona, el capital busca activos que existan físicamente fuera de la jurisdicción de los gobiernos occidentales, y el oro es la respuesta definitiva.