Esto pone en riesgo directo a gigantes como BMW, Shell o TotalEnergies.
Se estima que las empresas occidentales tienen una exposición de hasta un billón de euros en activos vulnerables a estas represalias. Este contraataque legal transforma la disputa de una cuestión puramente política a una batalla comercial y jurídica global, donde las multinacionales europeas se convierten en peones y potenciales víctimas de las decisiones tomadas en Bruselas.







