Esta decisión ha generado alarmas en las más altas esferas financieras.

Instituciones como el Banco Central Europeo (BCE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) han advertido explícitamente sobre las consecuencias devastadoras de tal acción.

Argumentan que podría socavar gravemente el estatus del euro como moneda de reserva global, ya que otros países soberanos podrían percibir los activos denominados en euros como inseguros y sujetos a decisiones políticas arbitrarias.

Además, alertan sobre una posible fragmentación del sistema de pagos global, donde las naciones buscarían alternativas al dólar y al euro, acelerando la transición hacia un orden multipolar y debilitando la influencia financiera de Occidente. La medida, por tanto, va más allá de un castigo a Rusia; es una apuesta de alto riesgo que podría desmantelar la arquitectura financiera que la propia Europa ayudó a construir.