Este impulso responde a una combinación de factores que incluyen la debilidad del dólar, la demanda de infraestructura para inteligencia artificial y la acumulación de reservas por parte de los bancos centrales.

El oro ha tenido un desempeño espectacular, registrando máximos históricos al superar por primera vez los US$4.500 por onza, con una revalorización en el año del 70,88 %.

Los analistas proyectan que esta tendencia podría continuar. Julio Zambrano, especialista de mercado, afirma que “con los bancos centrales acumulando reservas y un dólar débil, su cotización podría superar los US$5.000 por onza en 2026”. Por su parte, el mercado petrolero también ha mostrado fortaleza, con el barril de Brent, referencia para Europa, cotizando a US$62,67 y el WTI a US$58,70, ambos con avances cercanos al 0,50 % en la jornada.

Las perspectivas para 2026 son igualmente positivas, anticipando una “época dorada” para los commodities.

Este ciclo favorable estaría impulsado no solo por factores macroeconómicos tradicionales, sino también por la creciente demanda de metales estratégicos como cobre, litio y uranio, necesarios para la infraestructura requerida por el auge de la inteligencia artificial. Este nuevo motor de demanda posiciona a Latinoamérica como un proveedor clave de materias primas para la transición tecnológica global.