Los indicadores recientes han generado preocupación.

La bolsa de Shanghái cayó un 0,55 % tras conocerse "malos datos de noviembre en China, que muestran el peor dato de consumo desde la pandemia del Covid 19, así como caídas en inversión". Estos datos se suman a las dudas sobre la fortaleza de la segunda economía más grande del mundo y aumentan la presión sobre Pekín para que implemente más estímulos. La crisis de deuda en el sector inmobiliario también sigue siendo un riesgo latente, ejemplificado por el caso del promotor China Vanke, que no logró la aprobación para retrasar pagos de un bono. A pesar de este panorama macroeconómico adverso, existe un notable optimismo en segmentos específicos.

UBS destaca que, aunque los sectores de consumo e inmobiliario se rezagaron, "el sector tecnológico sigue destacándose". De hecho, el banco de inversión suizo mantiene al sector tecnológico chino y a China en general entre sus mercados preferidos, citando avances en tecnología e IA como vientos de cola. Esta dualidad sugiere que, si bien la economía china en su conjunto enfrenta desafíos significativos, su industria tecnológica mantiene un dinamismo propio que la convierte en un foco de atracción para la inversión internacional.