En primer lugar, persisten las señales de desaceleración económica en Estados Unidos y Europa, lo que alimenta el temor a una recesión. En segundo lugar, existe la expectativa de que los principales bancos centrales, a pesar de algunas señales de relajación por parte de la Reserva Federal, mantengan políticas monetarias restrictivas por más tiempo para combatir la inflación. Esta situación se ve agravada por la creciente preocupación por la deuda soberana, un tema central en la reciente cumbre del G20, donde se discutió la necesidad de coordinación fiscal para gestionar los elevados niveles de endeudamiento, especialmente en las economías emergentes. La combinación de altas tasas de interés y una deuda creciente crea un entorno de riesgo elevado. Este escenario ha provocado una intensificación de los flujos de salida desde activos de mayor riesgo, como se evidenció en la fuerte caída de Bitcoin y la presión sobre las acciones tecnológicas.
Los inversores están reevaluando sus posiciones y buscando refugio en activos tradicionalmente más seguros.













