La caída, que llevó el precio desde niveles cercanos a los 91.300 dólares hasta aproximadamente 85.700 dólares, fue atribuida a múltiples catalizadores.
En el frente macroeconómico, un contexto global de mayor aversión al riesgo y el endurecimiento de las condiciones financieras, como el alza en los rendimientos de los bonos japoneses, provocaron una salida de capital de activos considerados volátiles. Este fenómeno, descrito como la compresión de las operaciones de "carry trade", fortaleció al yen y generó una venta masiva en activos de riesgo. A nivel institucional, se registraron importantes flujos de salida y liquidaciones en ETFs y otros productos regulados de Bitcoin, frenando el impulso que había llevado a la criptomoneda a sus máximos recientes. Desde una perspectiva técnica, la ruptura de niveles clave, como el 61,8 % del retroceso de Fibonacci, abrió la puerta a una corrección más profunda.
Varios analistas proyectan caídas adicionales hacia soportes críticos en torno a los 80.500 o incluso 64.000 dólares.
El sentimiento del mercado se deterioró drásticamente, con el "Crypto Fear & Greed Index" cayendo a niveles de "miedo extremo", lo que suele coincidir con ventas masivas y elevado nerviosismo entre los inversores.













