Históricamente, el peso colombiano ha mostrado una alta sensibilidad a los flujos de capital globales, depreciándose más que sus pares en momentos de aversión al riesgo y apreciándose con más fuerza en épocas de apetito por el riesgo. Recientemente, el peso acumuló una apreciación del 11,5 % desde abril, superando a las monedas de México, Brasil y Chile. Este fortalecimiento se atribuye a factores locales, como la elevada tasa de intervención del Banco de la República (9,25 %) que atrae capitales, y a factores internacionales como el debilitamiento del dólar y la reducción de tasas de la Reserva Federal. La flexibilidad del tipo de cambio es considerada una "válvula de escape" y una defensa clave para la economía, absorbiendo choques externos y protegiendo variables como el empleo y el crecimiento, a diferencia de la crisis de 1999 con un tipo de cambio fijo.
Sin embargo, la apreciación tiene efectos mixtos.
Por un lado, abarata la deuda pública y privada denominada en dólares, creando un alivio fiscal y una oportunidad para que las empresas gestionen sus balances. Por otro lado, reduce los ingresos de los exportadores y de las familias que reciben remesas, y puede afectar negativamente los ingresos fiscales proyectados en el presupuesto nacional, que se calcularon con un dólar más alto. Se advierte contra el uso político de la tasa de cambio, ya que su comportamiento responde principalmente a dinámicas globales y no únicamente a la gestión del gobierno de turno.












