El barril de referencia estadounidense, West Texas Intermediate (WTI), cotizó en torno a los 59,05 dólares, mientras que el Brent, de referencia internacional, se situó cerca de los 63,07 dólares. La principal preocupación del mercado es la perspectiva de sobreoferta, reforzada por el retorno de capacidad de producción dentro de la OPEP+ y mayores volúmenes de productores externos. Los analistas proyectan un superávit potencial de hasta 2,8 millones de barriles diarios para el próximo año, lo que ejerce una presión a la baja sobre los precios.

A esto se suman factores geopolíticos que podrían aumentar aún más la oferta disponible.

Por un lado, el mercado evalúa el riesgo de que eventuales avances diplomáticos entre Rusia y Ucrania permitan la reactivación gradual de las exportaciones de crudo ruso. Por otro, se analiza con cautela el impacto de las sanciones de Estados Unidos a las petroleras rusas Lukoil y Rosneft en el suministro energético global. Esta combinación de una oferta robusta y una demanda incierta ha creado un entorno desafiante para los precios del crudo, marcando la racha de caídas mensuales más larga en más de dos años.