Esta debilidad se atribuye directamente a las crecientes apuestas de los inversores por una inminente suavización de la política monetaria en Estados Unidos. El índice DXY, que mide la fortaleza del dólar frente a una canasta de monedas desarrolladas, reflejó esta tendencia al estabilizarse en niveles bajos, alrededor de los 99,6 puntos, sin mostrar señales claras de una recuperación sólida. Los analistas técnicos señalan que el índice continúa enfrentando una fuerte resistencia, particularmente en el techo de los 100,360 puntos, y que no ha logrado superar una resistencia clave de siete meses. Esta "debilidad estructural del dólar frente a las monedas desarrolladas" es una consecuencia directa del "marcado repricing dovish de la FED", ya que la expectativa de tasas de interés más bajas reduce el atractivo del dólar como activo de refugio.

Sin embargo, su desempeño ha sido más matizado en otras regiones.

En Latinoamérica, la debilidad del dólar no se ha traducido en una fortaleza generalizada de las monedas locales; de hecho, divisas como el peso colombiano, el peso chileno y el real brasileño mostraron un comportamiento más frágil, liderando caídas en un contexto de escasa liquidez y falta de catalizadores locales.