Los datos económicos contradictorios en Estados Unidos han sembrado la confusión entre los inversores.
Por un lado, señales de debilitamiento en el mercado laboral aumentan las expectativas de que la Fed podría bajar las tasas, pero por otro, la llegada de nuevos trabajadores modera esa visión. Esta ambigüedad ha provocado que la probabilidad de un recorte de tasas fluctúe drásticamente, pasando de un 95 % a un 40 % y luego recuperándose a un 70 %, según un análisis. Desde una perspectiva más amplia, Cibest Capital señala que la Fed ya ha recortado alrededor de 150 puntos básicos desde 2024, pero la persistencia de presiones inflacionarias ha moderado el ritmo, y se esperan menos ajustes para 2026. Una de las consecuencias más notables de este entorno ha sido el debilitamiento del dólar estadounidense, que en la primera mitad de 2025 experimentó una caída del 10 %, su mayor descenso desde 1985. Esta tendencia, impulsada por las expectativas de más recortes y los desafíos fiscales de EE.
UU., ha beneficiado a activos como el oro, que ha repuntado con fuerza ante la renovada esperanza de una política monetaria más laxa.
Para las economías latinoamericanas, este escenario global se traduce en una mayor presión sobre sus monedas.











