Esta tendencia negativa fue impulsada por la caída de gigantes tecnológicos como Microsoft, Amazon y Nvidia. La preocupación central de los inversores es el impacto del prolongado cierre parcial del gobierno estadounidense, el más largo de la historia, que ha generado una escasez de datos económicos oficiales. Esta falta de información reduce la visibilidad para los operadores y aumenta la dependencia de las expectativas sobre la política monetaria de la Reserva Federal. Datos alternativos, como un informe de la consultora Challenger que mostró un disparo en los despidos a más de 150.000 en octubre, la cifra más alta desde 2003, han generado temores de un rápido enfriamiento del mercado laboral. Esta situación, sumada a las advertencias de directivos de Wall Street sobre una posible corrección del mercado, ha llevado a los inversores a reevaluar las altas valoraciones, especialmente en el sector de la inteligencia artificial.

La debilidad en EE. UU. también tuvo eco en los mercados asiáticos y europeos, que cerraron con pérdidas ante el temor de una posible burbuja en la industria de la IA.