Esta combinación refleja una mayor aversión al riesgo en los mercados y preocupaciones sobre la economía mundial. El índice DXY, que compara al dólar con una canasta de divisas, alcanzó el umbral de los 100 puntos, impulsado por la cautela de la Reserva Federal de EE. UU. y la disminución de las expectativas de nuevos recortes de tasas de interés. En Colombia, esta fortaleza global del dólar se tradujo en un alza de la tasa de cambio, que cerró en $3.858.
Simultáneamente, los precios del petróleo experimentaron caídas.
La referencia Brent se situó en torno a los US$64,53 por barril, y el WTI en US$60,69. Este descenso se atribuye tanto a la fortaleza del dólar, que encarece las materias primas para los compradores con otras monedas, como a la preocupación por un exceso de oferta global. La decisión de la OPEP+ de aumentar su producción en 137.000 barriles diarios a partir de diciembre, y la pausa en los incrementos para el primer trimestre de 2026, contribuyeron a este sentimiento. La dinámica de un dólar fuerte y un petróleo débil suele ser indicativa de un entorno de incertidumbre económica global.










