Sin embargo, esta hegemonía está siendo desafiada por Bitcoin, que cada vez más inversores consideran una alternativa moderna y con mayor potencial de apreciación.

Se reportan ya “indicios de una rotación de capital en marcha desde el oro físico hacia el ‘oro digital’”, lo que sugiere un cambio generacional y de percepción sobre cómo proteger el patrimonio a largo plazo. La lucha entre ambos activos “se aviva” precisamente en un “ambiente marcado por la incertidumbre”, el terreno natural de los activos refugio. Esta competencia directa por el capital de los inversores tiene profundas implicaciones.

Si Bitcoin logra capturar incluso una pequeña fracción de la capitalización de mercado del oro, que se cuenta en billones de dólares, su precio podría experimentar un crecimiento exponencial.

No obstante, esta narrativa no está exenta de matices.

La volatilidad sigue siendo una característica intrínseca de Bitcoin, lo que representa un obstáculo para los inversores más conservadores que priorizan la preservación del capital sobre las ganancias especulativas. La batalla entre el oro y Bitcoin es, en esencia, una redefinición de lo que significa ser un “activo seguro” en el siglo XXI.