La decisión es crucial para los mercados, que temen una recesión económica. Por un lado, la inflación medida por el Índice de Gastos de Consumo Personal (PCE) se sitúa en un 2,7%, con una subyacente del 2,9%, cifras que justifican mantener las tasas elevadas para controlar los precios. Sin embargo, por otro lado, existen señales de enfriamiento económico, como la caída del optimismo empresarial y un aumento del desempleo al 4,3%, lo que presiona a la Fed para que aplique un recorte que evite una recesión. Existe una fuerte divergencia de opiniones dentro de la propia institución, con algunos miembros argumentando que la inflación ya no es el mayor riesgo. A pesar de la resistencia de la inflación, el mercado anticipa un posible recorte de 25 puntos básicos, que situaría la tasa de referencia en el rango de 3,75% a 4,00%, en un intento por equilibrar la estabilidad de precios con el crecimiento económico.