La decisión sobre un posible recorte de las tasas de interés es el punto central de atención, con argumentos divididos entre sus miembros.

Por un lado, la inflación persistente se mantiene como una preocupación clave. El Índice de Gastos de Consumo Personal (PCE), la medida preferida por la Fed, se situó en 2,7% en agosto, por encima del objetivo del 2%, mientras que la inflación subyacente alcanzó el 2,9%. Algunos analistas sugieren que esta persistencia, combinada con la solidez económica, podría forzar a la Fed a mantener los tipos de interés "más elevados por más tiempo" de lo previsto. Además, los aranceles recién impuestos a China amenazan con mantener los precios al alza.

Por otro lado, existen señales claras de un enfriamiento en la economía. El mercado laboral muestra un deterioro, con un desempleo del 4,3% en agosto, y el optimismo empresarial ha disminuido.

La Fed de Nueva York ha argumentado que la inflación ya no es el mayor riesgo. Ante este panorama, el mercado anticipa un nuevo recorte de 25 puntos básicos en la reunión de octubre, lo que situaría el rango objetivo de los fondos federales entre 3,75% y 4,00%.

Esta medida buscaría prevenir una recesión, un riesgo que es una "preocupación constante en los informes financieros".

La decisión final de la Fed es crucial, ya que determinará la dirección de la política monetaria y podría calmar o exacerbar la volatilidad actual.