El desplome fue una respuesta directa a la escalada en la retórica comercial del presidente Donald Trump contra China, evidenciando la fragilidad del mercado ante riesgos geopolíticos. El S&P 500, que durante parte de la sesión había intentado alcanzar nuevos máximos, giró drásticamente para cerrar con una caída del 2,7 %. De manera similar, el Dow Jones de Industriales retrocedió un 1,9 % y el tecnológico Nasdaq Composite sufrió la mayor pérdida, desplomándose hasta un 3,56 %.

Esta venta masiva anuló las ganancias semanales, dejando al S&P 500 con una pérdida semanal superior al 2,4 %.

El analista Steve Sosnick, de Interactive Brokers, calificó el evento como una “sacudida arancelaria”, subrayando que los operadores no esperaban esta noticia. El sentimiento del mercado cambió radicalmente, pasando de la euforia impulsada por la inteligencia artificial y las expectativas de recortes de tasas de la Reserva Federal, a un temor generalizado. Michael O’Rourke de Jonestrading advirtió que “durante todo el verano, la codicia ha superado con creces el miedo en el mercado de valores estadounidense”, y que la ola de ventas podría convertirse en una corrección mayor. La incertidumbre se reflejó en el índice de volatilidad VIX, que superó los 20 puntos, un nivel asociado con un alto nerviosismo entre los inversores. Más de 400 acciones del S&P 500 cayeron, y el sentimiento bajista se vio agravado por la incertidumbre generada por el cierre del Gobierno federal estadounidense.