Esta medida representa una escalada significativa en las tensiones comerciales entre las dos mayores economías del mundo.

La amenaza se materializó a través de un mensaje en la red social Truth Social, donde Trump advirtió sobre “aranceles masivos” y posteriormente los concretó en un gravamen del 100 % sobre productos chinos, programado para entrar en vigor el 1 de noviembre. La justificación de Washington para esta acción fue la respuesta a lo que consideró una postura comercial “hostil” de Pekín, específicamente después de que China endureciera los controles sobre las exportaciones de tierras raras, minerales cruciales para la industria tecnológica y militar. Analistas como Michael Hirson y Houze Song de 22V Research calificaron el momento como “muy peligroso para las cadenas de suministro globales”, advirtiendo que, aunque existía margen para dar marcha atrás, el impacto podría ser profundo si las amenazas se concretaban. La reacción de los mercados fue inmediata y negativa, ya que, según Jeff Killburg de KKM Financial, las expectativas de un acuerdo comercial con China se habían “desvanecido por completo”. La medida rompió un periodo de relativa calma y complacencia, demostrando cuán sensible sigue siendo el mercado a las disputas geopolíticas y comerciales. La decisión de Trump de no ver motivos para reunirse con su homólogo chino, Xi Jinping, reforzó el pesimismo entre los inversores.