Estos eventos impulsaron la aversión al riesgo y llevaron a los inversionistas a buscar activos de refugio como el oro. El cierre del gobierno en Washington, que se extendió por nueve días, generó un bloqueo político en el Congreso y retrasó la publicación de datos económicos clave, limitando la visibilidad sobre los próximos movimientos de la Reserva Federal. Aunque el cierre fue temporal, subrayó la fragilidad fiscal y política de la mayor economía del mundo. Paralelamente, la agitación política en Europa, particularmente en Francia, y las dudas sobre la salud fiscal de Japón, contribuyeron a debilitar el euro y el yen, fortaleciendo al dólar estadounidense. En Oriente Medio, el principio de acuerdo para un alto al fuego en Gaza entre Israel y Hamás fue recibido con cautela por los mercados. Inicialmente, la noticia provocó una caída en los precios del petróleo, con el WTI y el Brent perdiendo cerca del 2%, ante la perspectiva de una desescalada en el conflicto.
Esta confluencia de factores creó un ambiente de cautela, llevando a los inversionistas a activos seguros.
El oro alcanzó máximos históricos por encima de los US$4.000 la onza, mientras que la renta variable mostró un comportamiento mixto, con Wall Street marcando récords, pero las bolsas europeas operando sin una dirección clara.













