Esta sismicidad se complementa con la actividad en la superficie, donde se han registrado al menos siete nuevas emisiones de ceniza y una desgasificación constante. La combinación de estos fenómenos es un indicador clave de la inestabilidad del volcán y justifica el nivel de alerta. El monitoreo continuo por parte del SGC es fundamental para la gestión del riesgo en la región, ya que permite anticipar cambios en el comportamiento del volcán y emitir advertencias oportunas a las comunidades aledañas. La recomendación de no acercarse al cráter es una medida preventiva crucial, dado que las explosiones freáticas, la emisión de gases tóxicos y la caída de proyectiles balísticos pueden ocurrir de manera súbita y sin previo aviso, representando un peligro mortal para cualquier persona en las inmediaciones.