Trista Chen lidera el desarrollo de una “IA fiable”, con tecnologías para detectar ‘deepfakes’ y asegurar que las interacciones sean con humanos reales. “Si la IA no puede saber si interactúa con una persona real en tiempo real, su poder corre el riesgo de causar más daño que bien”, afirma Chen.

Por su parte, Flavio Griggio trabaja en computación cuántica para crear máquinas fiables con impacto en medicina y energía. Ahmed Awadallah avanza en sistemas de IA agéntica como AutoGen, que pueden razonar y colaborar, con un fuerte énfasis en la supervisión y la transparencia. Jina Suh investiga la intersección entre la IA y la salud mental, diseñando sistemas con la “seguridad psicológica en su núcleo”. Finalmente, Cecily Morrison se enfoca en que la IA refleje la diversidad humana, integrando la pluralidad cultural en los modelos. “La IA debería ser el reflejo de la riqueza completa de nuestras sociedades”, sostiene Morrison. Estos esfuerzos colectivos buscan construir una IA que no solo sea poderosa, sino también digna de confianza y beneficiosa para toda la humanidad.