Este hallazgo, vinculado a una inversión cromosómica, podría ser un motor evolutivo no reconocido hasta ahora.

El estudio, publicado en 'Nature Communications', demuestra que mientras las poblaciones del hemisferio norte vuelan hacia el sur en otoño, las del sur se desplazan en dirección contraria, creando dos circuitos migratorios completamente independientes.

Para llegar a esta conclusión, el equipo analizó el ADN de más de 300 ejemplares de 38 países. El análisis genómico identificó una inversión cromosómica de 9 millones de bases en el cromosoma 8, que contiene genes asociados con el comportamiento migratorio. La investigadora Aurora García-Berro señaló que esta inversión “contiene un receptor del neurotransmisor GABA-B, implicado en la orientación durante el vuelo”. La hipótesis principal es que esta variación genética modifica la forma en que las mariposas interpretan las señales ambientales de navegación, como el campo magnético terrestre y la posición del sol, adaptándolas específicamente a su hemisferio. El líder del estudio, Gerard Talavera, añadió que esta “frontera invisible” en el ecuador podría actuar como una barrera evolutiva, limitando el intercambio genético entre las poblaciones y favoreciendo su diversificación hasta el punto de poder formar nuevas especies. Talavera sugiere que esta división latitudinal podría ser “un motor evolutivo hasta ahora inadvertido” que podría explicar la existencia de especies hermanas en diferentes hemisferios.