Sin embargo, este estado biológico parece tener un costo.

Según la reumatóloga Cornelia Weyand, “el precio que pagan por ello es la autoinmunidad”, lo que sugiere una conexión entre un sistema inmune hiperactivo y el desarrollo de enfermedades en las que el cuerpo se ataca a sí mismo. Este hallazgo es crucial para entender el equilibrio necesario para una respuesta inmunitaria saludable en la vejez. Por otro lado, una línea de investigación separada se enfoca en el timo, un órgano vital para la maduración de las células inmunitarias que se atrofia con la edad. En lugar de intentar reparar el órgano, los científicos están desarrollando métodos para imitar su entorno funcional.

Este enfoque podría permitir la producción de nuevas células inmunitarias y fortalecer la capacidad del cuerpo para combatir infecciones y enfermedades nuevas. Ambos avances son complementarios y apuntan a un futuro en el que se podría contrarrestar la inmunosenescencia, mejorando la eficacia de las vacunas y la resiliencia general en la población de edad avanzada.