Este es un logro fundamental, pues conservar la especialización celular es esencial para cualquier aplicación terapéutica segura. Las implicaciones de este avance son profundas, especialmente para enfermedades crónicas y neurodegenerativas como el alzhéimer o el párkinson, donde el envejecimiento celular es un factor clave.

La posibilidad de restaurar la función de tejidos envejecidos, en lugar de reemplazarlos, representa un cambio de paradigma. Aunque la investigación se encuentra en fase de laboratorio, los resultados son prometedores y refuerzan la idea de que el envejecimiento no es un proceso inmutable, sino un fenómeno biológico que podría ser modificado para mejorar la salud humana a largo plazo.