Su extrema cercanía al púlsar provoca que un año en este planeta dure solo ocho horas y que las intensas fuerzas gravitacionales lo deformen, dándole su peculiar forma alargada, con un diámetro ecuatorial casi un 40 % mayor que el polar. Las observaciones realizadas con el Telescopio Espacial James Webb revelaron un misterio aún mayor en su atmósfera.

En lugar de gases comunes como vapor de agua o metano, está dominada por helio y carbono molecular, con una ausencia casi total de oxígeno y nitrógeno. Esta composición es única entre los más de 150 exoplanetas estudiados con este nivel de detalle y no puede ser explicada por los modelos actuales, especialmente dadas las temperaturas extremas del planeta, que superan los 2.000 grados Celsius. Los científicos barajan varias hipótesis: podría ser el remanente de una estrella despojada de su masa por el púlsar, o un tipo de objeto celeste completamente nuevo. Este descubrimiento obliga a la ciencia a ampliar su definición de lo que puede existir en el universo.