Los análisis del cráneo revelan características más primitivas de lo que se esperaría para un Homo erectus de ese período, que ya había comenzado su expansión por Eurasia. Esto indica que, en lugar de un único grupo homogéneo de Homo erectus saliendo de África, probablemente existieron múltiples poblaciones con una considerable variación anatómica.

Este hallazgo es crucial porque complica la narrativa lineal de la evolución humana.

Sugiere que diferentes grupos de Homo erectus, algunos con rasgos más antiguos y otros más modernos, coexistieron y posiblemente siguieron distintas rutas migratorias. La presencia de rasgos arcaicos en un individuo relativamente tardío dentro del registro fósil africano podría significar que la evolución de nuestra especie no fue un proceso de reemplazo simple, sino un mosaico de poblaciones diversas que interactuaron y evolucionaron en paralelo. La reconstrucción del fósil DAN5, junto con otros hallazgos recientes en la misma región etíope, refuerza la idea de que África oriental fue un crisol de experimentación evolutiva para los primeros miembros del género Homo. Este nuevo rostro de nuestro ancestro nos obliga a reconsiderar quiénes fueron los primeros humanos en aventurarse fuera de su continente de origen y cómo se adaptaron a nuevos entornos, sentando las bases para la posterior expansión global del Homo sapiens.