El proyecto se centra en dar valor a recursos que comúnmente son considerados desechos. “Tomamos estas semillas que normalmente son subutilizadas, extrajimos el almidón para convertirlo en un producto sostenible como el bioplástico y mejorar las propiedades”, explicó la investigadora. El proceso consiste en extraer el almidón de estas semillas y transformarlo en un material con propiedades plásticas. El resultado es un bioplástico que se degrada en un período de entre 40 y 45 días, un tiempo drásticamente menor en comparación con los cientos de años que tardan los plásticos convencionales en descomponerse. Este avance está directamente alineado con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), ya que busca reducir la dependencia de los combustibles fósiles y mitigar el impacto ambiental negativo asociado a la contaminación por plásticos. Aunque el trabajo experimental se realizó en los laboratorios de la Universidad de Córdoba, la investigación forma parte del doctorado de Espitia Arrieta en la Universidad Rafael Belloso Chacín de Venezuela. Actualmente, el bioplástico desarrollado puede utilizarse para fabricar bolsas de embalaje. Sin embargo, el equipo de investigación, dirigido por la decana Jennifer Lafont Mendoza, planea continuar el estudio para mejorar la resistencia del material y ampliar su aplicabilidad, además de explorar otras semillas y desechos naturales como posibles materias primas.