La presencia conjunta de estos minerales es clave, ya que su fricción es un método conocido para generar chispas y prender fuego. Esta evidencia material sugiere que no se trató de un aprovechamiento oportunista de fuegos naturales, como los causados por rayos, sino de una tecnología desarrollada para producir fuego de manera intencionada.

El dominio del fuego representó una ventaja evolutiva fundamental para los primeros humanos.

Les proporcionó calor para sobrevivir en climas fríos, luz para extender la actividad más allá de las horas diurnas y una herramienta de defensa contra depredadores. Además, la capacidad de cocinar los alimentos no solo los hizo más seguros y fáciles de digerir, sino que también pudo haber influido en el desarrollo del cerebro humano al permitir una mayor ingesta calórica. Este descubrimiento en Inglaterra adelanta significativamente la cronología del dominio del fuego por parte de los homininos en Europa. Demuestra un nivel de planificación y habilidad técnica más avanzado de lo que se pensaba para los neandertales de ese período, consolidando la idea de que eran una especie con capacidades cognitivas complejas. El hallazgo ofrece una nueva perspectiva sobre la vida cotidiana y las estrategias de supervivencia de nuestros antiguos parientes.