El proceso consiste en tomar las semillas, que normalmente son desechadas, y extraer su almidón para convertirlo en un bioplástico. Según la investigadora, el valor agregado del proyecto radica en haber mejorado las propiedades del material.

Una de las características más destacadas de este nuevo bioplástico es su rápida degradación, que ocurre en un período de 40 a 45 días, en contraste con los cientos de años que tardan los plásticos convencionales en descomponerse.

“Este bioplástico inicialmente se puede utilizar para fabricar bolsas para embalar cosas y la idea es avanzar en la investigación para darle mayor resistencia, que permita mayor aplicabilidad al producto”, explicó Espitia Arrieta. Aunque su doctorado fue cursado en una universidad venezolana, toda la fase experimental se llevó a cabo en los laboratorios de la Universidad de Córdoba. Bajo la dirección de la decana Jennifer Lafont Mendoza, la investigación continúa con el objetivo de identificar otras semillas y desechos naturales que puedan servir como materia prima, consolidando una línea de trabajo en biotecnología con un alto potencial de impacto ambiental y económico para la región.