El estudio se centró en un eclipse observado en China, cuyo registro histórico fue analizado por un equipo internacional. Un paso clave de la investigación fue corregir la ubicación geográfica real desde donde se realizó la observación original, un detalle que refinó drásticamente los cálculos posteriores.

Con esta información ajustada, los científicos pudieron modelar con mayor precisión la trayectoria del eclipse y, a su vez, derivar datos sobre dos fenómenos fundamentales.

Primero, obtuvieron nuevas mediciones sobre la velocidad de rotación de la Tierra en esa época, un parámetro que cambia sutilmente a lo largo de los siglos debido a factores geofísicos. Segundo, la reconstrucción del evento les permitió inferir el estado de la actividad del Sol hace casi tres milenios. Este tipo de investigación, que fusiona la historia, la arqueología y la astrofísica, demuestra el inmenso valor de los registros antiguos para la ciencia moderna. Permite a los científicos validar y mejorar los modelos teóricos sobre la mecánica celeste y la física solar en escalas de tiempo que son inaccesibles mediante la observación directa. El análisis de eventos astronómicos históricos se convierte así en una herramienta poderosa para comprender la evolución a largo plazo del sistema Tierra-Sol.