Los hallazgos incluyen criaturas con anatomías inusuales que habitan en ecosistemas hasta ahora desconocidos bajo el hielo antártico.

La misión, que exploró zonas remotas y profundas, utilizó tecnología avanzada como vehículos operados a distancia para acceder a áreas del fondo oceánico previamente ocultas.

Entre los organismos hallados destacan los “cerdos marinos” (Protelpidia murrayi), un tipo de pepino de mar de cuerpo gelatinoso que vive a profundidades de hasta 900 metros. También se identificó una especie de “mariposa de mar” (Clio pyramidata), un caracol acuático que parece volar, cuyo ciclo reproductivo pudo ser observado por primera vez en condiciones controladas. Además, se encontró una criatura similar a una “araña de mar”, que no es un arácnido sino un pariente de los cangrejos, con un tamaño de hasta 51 centímetros y características que la diferencian de especies conocidas. Según la líder del estudio, la profesora Jan Strugnell, la expedición recolectó una “gran diversidad de organismos marinos”, con una alta probabilidad de que varios correspondan a especies nuevas para la ciencia. Este descubrimiento no solo amplía el catálogo de la biodiversidad del planeta, sino que también subraya la urgencia de proteger los ecosistemas antárticos, que podrían albergar más vida desconocida. El estudio de estos organismos ofrecerá información valiosa sobre la adaptación biológica a entornos extremos de baja temperatura, alta presión y oscuridad permanente.