Dos estudios revelan cómo estas partículas contaminan desde las tierras agrícolas hasta las cocinas domésticas.
Un primer estudio muestra que las lombrices de tierra, cruciales para la fertilidad del suelo, están ingiriendo microplásticos al confundirlos con materia orgánica.
Esta “falsa comida” altera su metabolismo y provoca una caída de hasta el 40% en su capacidad reproductiva. La disminución de las poblaciones de lombrices degrada la calidad del suelo, afectando su aireación, mezcla de nutrientes y capacidad para sostener cultivos saludables.
Por otro lado, una segunda investigación se centró en un riesgo doméstico: las sartenes antiadherentes rayadas.
Se descubrió que un solo daño en la superficie de teflón (PTFE) puede liberar desde miles hasta miles de millones de micro y nanoplásticos directamente en los alimentos durante la cocción. Utilizando microscopía avanzada, los científicos cuantificaron esta liberación, advirtiendo que, aunque los efectos directos en la salud humana aún se están estudiando, la facilidad con que estas partículas ingresan al organismo es motivo de preocupación. Ambos hallazgos subrayan un problema sistémico: la contaminación por plásticos se ha infiltrado en niveles fundamentales de la cadena alimentaria y los ciclos naturales, presentando un desafío oculto pero creciente para la salud ambiental y humana.







