Los ojos de los pollos poseen cinco tipos de conos fotorreceptores, pero lo sorprendente no es su cantidad, sino su organización.
No siguen un patrón cristalino perfecto ni una distribución caótica como un líquido.
En cambio, forman una “geometría intermedia” que presenta orden a gran escala y desorden a pequeña escala.
Los físicos consideran esta estructura un nuevo estado de la materia, capaz de combinar propiedades de sólidos y líquidos simultáneamente. Esta organización exótica confiere ventajas visuales impresionantes, como una mejor detección de la luz y el color y una distribución óptima de los fotorreceptores, lo que resulta en una mayor eficiencia visual. Más allá de la biología, el potencial tecnológico de este descubrimiento es inmenso. La misma estructura de hiperuniformidad desordenada podría ser replicada para crear materiales avanzados capaces de manipular la luz, el sonido y la vibración con una precisión sin precedentes. Las posibles aplicaciones van desde sensores ultrafinos hasta nuevas generaciones de pantallas y dispositivos ópticos, demostrando cómo un principio fundamental de la naturaleza, observado en un animal común, puede abrir nuevas fronteras para la tecnología.







