Una vez dentro, estas nuevas mitocondrias restauran la capacidad energética de la célula, permitiéndole recuperar sus funciones como si fuera joven y aumentando su resistencia al daño.
Este método es particularmente prometedor porque es muy preciso, lo que permite dirigir el tratamiento a tipos celulares específicos y reduce los riesgos de efectos secundarios en comparación con otras estrategias de rejuvenecimiento de tejidos.
Aunque la tecnología se encuentra en fases experimentales, sus aplicaciones futuras son vastas.
Podría utilizarse para recuperar tejidos dañados por enfermedades crónicas, tratar órganos afectados por el envejecimiento o prevenir el deterioro celular antes de que cause complicaciones graves.
Los científicos creen que este enfoque podría transformar la medicina regenerativa, ofreciendo terapias más seguras y efectivas para devolver la vitalidad a células que antes se consideraban irrecuperables.







