Para estudiar su estructura interna, los investigadores utilizaron tomografía computarizada (CT-scan), lo que les permitió reconstruir su neuroanatomía.

Los resultados sugieren que Shakiremys colombiana era un animal muy versátil, capaz de adaptarse a diversos ambientes acuáticos, desde aguas claras hasta oscuras y turbias.

El Dr. Edwin Cadena, líder del estudio, puntualiza que “esta versatilidad le habría permitido coexistir con varias especies de tortugas en el diverso ecosistema acuático que existió en la zona de la Tatacoa hace millones de años”.

Su dieta era probablemente omnívora, lo que le facilitaba compartir el hábitat sin competir directamente por recursos.

El director del Museo de la Tatacoa, Andrés Vanegas, destacó que al observar el fósil se dieron cuenta de que se trataba de “algo nunca antes visto en el desierto de la Tatacoa”. El nombramiento no solo rinde tributo a una figura cultural de Colombia, sino que también posiciona al país como un territorio clave para entender la historia natural de los reptiles durante el Mioceno.