Durante años, su identidad fue un misterio, ya que su morfología no coincidía completamente con la de A. afarensis: presentaba un dedo gordo más móvil y una estructura que sugería una locomoción híbrida, combinando el bipedismo con la capacidad de trepar árboles. La confirmación llegó tras vincular el pie con restos dentales de A. deyiremeda hallados en el mismo lugar. El análisis de ambos fósiles revela una fascinante historia de convivencia y especialización. Los análisis isotópicos de los dientes indican que A. deyiremeda tenía una dieta basada en plantas de ambientes boscosos (C3), mientras que Lucy consumía una mezcla de recursos de bosques y praderas abiertas (C3 y C4).

Esta diferencia en la alimentación sugiere que ambas especies explotaban nichos ecológicos distintos, lo que les permitía compartir el paisaje sin entrar en competencia directa.

El pie de A. deyiremeda, con su equilibrio entre caminar erguido y trepar, refuerza esta idea, mostrando una adaptación a un entorno más arbóreo en comparación con el pie de Lucy, más adaptado al bipedismo moderno.

Este descubrimiento demuestra que la evolución del bipedismo no fue un proceso lineal, sino un mosaico de experimentos anatómicos y adaptativos.